Las huellas, no solo hablan de un camino que se ha recorrido, sino de la marca imborrable que alguien deja en nuestro interior. Son como un caminante descalzo sobre la arena húmeda, en donde cada paso es un pacto de silencio con el suelo, una hendidura que cambia el relieve para siempre.
Entonces Amar, en su esencia mas pura, es el acto de escritura mutua entre los seres. No dejamos huellas en el aire, ni en el agua; las dejamos en lo más profundo del ser que amamos. Es la certeza de saber que, incluso si el viento en la distancia sopla fuerte, o si el destino decide cambiar el rumbo de un viaje, ya la superficie de nuestra alma no será la misma... queda como una huella grabada la forma de una mirada, el peso sutil de un abrazo en los días tristes y la resonancia de una voz que en algún momento nos nombró.
Por lo tanto, las huellas son la geografía invisible del amor de aún vive en nosotros.
No se ven a simple vista, pero se sienten en el vaivén de los recuerdos.
El amor verdadero no pasa de largo; se graba en la piedra de nuestra historia. Se graba y deja una huella que por mas que nos empeñemos allí perdurará

