lunes, 26 de enero de 2026

Turbulencias...

 


Siempre he creído que, el corazón no es un puerto seguro, sino un océano en constante tempestad.

La turbulencia emocional no es una metáfora, sino la descripción exacta de lo que ocurre cuando el amor deja de ser una brisa ligera y se convierte en un fenómeno caótico y entonces la calma, puede ser un recuerdo muy lejano.

En la física, la turbulencia ocurre cuando el flujo de un fluido se vuelve irregular, creando remolinos y fluctuaciones imprevistas... bueno, en el corazón sucede lo mismo. Cuando dos historias chocan a distinta velocidad éstas colisionan y el resultado no es un trayecto lineal sino una sacudida tal que nos obliga a aferrarnos al asiento.

Y, cómo no hay un manual de vuelo para los sentimientos, la turbulencia del corazón se manifiesta en formas sutiles... pero devastadoras:

Incertidumbre, una presión "ilógica" en el pecho, los recuerdos que nos consumen ante nuestro presente y la sensación de desasosiego.

Sin embargo, soy fiel creyente de que, aunque sintamos que el mundo se nos desmorona, la turbulencia del corazón es la prueba fehaciente de que estamos en constante movimiento y, eso se traduce siempre en cambios; un corazón estático no vibra; un corazón que ama, por el contrario estará expuesto a todas las corrientes.

El amor, rara vez es un cielo despejado y es allí cuando debemos ser valientes y seguir navegando aun cuando el horizonte desaparezca y solo nos quede confiar en el radar del instinto

No hay comentarios:

Publicar un comentario