El vaivén es quizás, la palabra que mejor describe a la coreografía del amor... es el compás de lo incierto.
Ese ir y venir entre la entrega absoluta y el miedo a perderse; entre la risa compartida y el silencio que pasa.
Es ese momento en el que te lanzas hacía el otro, buscando refugio y conexión.
Es el regreso a uno mismo para no desdibujarse, para recordar quienes somos fuera del "nosotros".
Si el amor fuera una línea recta, sería una llanura monótona... lo que lo mantiene vivo es esa oscilación. Como cuando nos mecemos en un columpio: el vértigo de la caída es lo que precede al vuelo mas alto.
Entonces, en el amor el secreto no está en detener el movimiento para buscar una estabilidad; sino aprender a disfrutar del balanceo sin soltarse de las cuerdas o de cadenas de ese columpio.
Así que, al final amar es aceptar que habrá días de resaca y días de marea alta.
Es entender que el vaivén no es la falta de constancia, sino la prueba de que el sentimiento está vivo, respirando y latiendo a su propio ritmo
Y en ese vaivén, ¿estás en un momento de ida hacia alguien o mas bien en ese regreso necesario hacía ti mismo?

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